Tras años trabajando en la Educación en Valores y reflexionando sobre programas y metodologías, he llegado a la conclusión, ya intuida desde hace tiempo pero ahora probada en la práctica, de que NO es posible Educar en Valores.
Esta afirmación pede ser llamativa en principio, incluso rechazada por muchos y muchas. Con ella no quiero decir que no se pueda trabajar para conseguir que las personas crezcan y se desarrollen adquiriendo valores personales y sociales.
Para comenzar mi explicación empezaré por definir lo que puede considerarse como un “Valor”. Yo definiría Valor como:
Una cualidad que una persona considera deseable, por la que se estima a si misma y a sus conductas, por la que es valorada por los demás y que considera importante en los otros y las acciones de los demás.
Teniendo en cuenta esta idea la primera valoración que hago es que un Valor determinado solo se adquiere como fruto de una reflexión y una experiencia personal.
La idea, muy extendida, de que los Valores fundamentales o Principios se adquieren en la primera infancia, transmitidos por familia y profesorado, cuando el niño y la niña solo posee una moral heterónoma (no dependiente de si mismo, dependiente de sus adultos de referencia), no puede considerarse como definitiva si, una vez que el niño o niña comienza a desarrollar la moral autónoma (dependiente de si mismo) no se le comienza a educar en la reflexión, en la creatividad y en el pensamiento autónomo.
Lo contrario a esto esto no puede considerase Educación en Valores si no intento de manipulación o troquelación del pensamiento moral. He dicho “intento” intencionadamente, ya que creo que pocas veces la capacidad de reflexión se puede limitar y conducir completamente. (Esto sería objeto de una reflexión aparte acerca de sistemas autoritarios, transmisión de la religiones y el uso de técnicas de persuasión)
¿Quiere decir esto que no influimos, o no debemos influir, en la Educación en Valores de los demás? No, además sería imposible. Nadie se crea una conciencia ética y un sistema de Valores y Principios partiendo de la nada. La sociedad, el contexto sociocultural, la escuela, los amigos y por supuesto la familia, nos proporcionan las primeras referencias para construir nuestra propia conciencia ética.
Es en este punto en el que educadores y educadoras podemos empezar a trabajar, siempre fomentando la reflexión y la autonomía de pensamiento, sea donde sea que esto nos lleve.
Ahora os propongo algunas cuestiones para pensar en ellas antes de comenzar el trabajo de Educación en Valores. Quienes me conocéis o me habéis leído antes, sabéis que nunca creo estar en la verdad absoluta, con lo que aunque no estéis deacuerdo espero que os sirvan para algo.
La primera consideración, ya explicada es que un Valor se adquiere por reflexión y experiencia propia, lo que hace que ningún sistema de valores sea inmutable, cambia y evoluciona a lo largo de toda la vida.
Con ellos cada persona crea su propio sistema de Valores y Principios. Los Valores los clasificamos entre positivos y negativos, los que admitimos y los que rechazamos.
Con aquellos Valores que consideramos como positivos creamos nuestra escala, es decir les dotamos de importancia, entre los más prioritarios a los menos.
Entre los Valores positivos, algunos los consideramos “indiscutibles”, es decir, son los que marcan indefectiblemente nuestros pensamientos, acciones y valoraciones. Esos podemos considerarlos como Principios.
Aquellos valores “menos prioritarios”, que no guían permanentemente nuestros pensamientos, acciones y valoraciones, nos permiten valorar nuestras Actitudes.
Una Actitud es la predisposición para responder a un estímulo (una acción, un sentimiento, un objeto, un comportamiento, …). Nuestras actitudes dependen del estímulo, del entorno y de la situación, con lo que aunque consideremos que nuestra respuesta debería atenerse a nuestro sistema de valores, vemos justificado no hacerlo.
Puede ser que consideremos que nuestra actitud fue negativa en una situación pero no supimos o pudimos actuar de forma positiva.
Es en este momento en el que entran en juego las Aptitudes, las condiciones que hacen a una persona idónea para llevar a cabo una función o tarea determinada. Para tener Actitudes que nosotros mismos consideramos como positivas en todas las situaciones, hemos de ser aptos para ello.
Los instrumentos que le permiten a una persona tener las Aptitudes que necesita son las Habilidades personales, sociales e intelectuales.
En este punto hemos llegado a la base de todo:
Nuestras Habilidades nos permiten tener las Aptitudes que necesitamos, las cuales nos facilitan elegir la Actitud que mantenemos en una situación, con lo que podemos poner en práctica los Valores que nuestra reflexión, guiada por nuestros Principios, nos ha llevado a considerar como positivos.
Volviendo al titular de este post: ¿Es posible Educar en Valores? La respuesta creo que es claramente NO.
Pero si la pregunta que nos hacemos es: ¿Podemos ayudar a que las personas creen su propio esquema de Valores y lo sepan poner en práctica de forma que consideren positiva? La respuesta es SÍ.
Solo hemos de cumplir tres condiciones:
Mostrar y facilitar experiencias.
Propiciar la reflexión.
Educar habilidades.
Y como todo en la vida, creo, ha de estar guiado por unos principios, para Educar en Valores yo propongo estar guiado por:
La Libertad, El Respeto y la Sinceridad.
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